Lo siento, Cristina, ya no aguanto más

Si tienes carné de conducir sabrás que las primeras veces que coges el coche ves cientos de infracciones: coches que se te pegan tanto que parece que los llevas de remolque, gente que se cambia a tu carril en un abrir (sin cerrar) de ojos, conductores que desconocen la mistérica tecnología que gobierna los intermitentes, etc. Le cuentas a todo el mundo las mil aventuras que has vivido en la carretera. Con el paso del tiempo cada vez te sorprendes menos hasta que llega un día en el que te insensibilizas ante las mil majaradas que ves en las carreteras; ya tienen que adelantarte a Mach 1 para que lo comentes a la hora de comer.

Esta última fase es la etapa en la que nos encontramos en España con respecto a la corrupción. Día sí día también saltan a los medios casos de corrupción que en cualquier país serio supondrían un escándalo en toda regla; pero no aquí, a nosotros ya nos da todo igual. Nos parece incluso normal, es más: el día que no sale nadie robando en las noticias notas como que te falta algo. Nos han hecho creer además que es inevitable que los que gestionan un país acaben corrompiéndose, que no vale la pena gastar energías en intentar que se vayan porque los que vengan harán lo mismo.

No he venido hoy a hablar de esto sino a compadecerme de esa interminable lista de personas implicadas en casos de corrupción: Jaume Matas, Carlos Fabra, Manuel Chaves, Rodrigo Rato, Miguel Blesa, Iñaki Urdangarin, (…).

Me parece especialmente interesante el caso de Cristina. Cristina es una de esas elegidas por La Providencia para vivir en la abundancia. Cristina se cayó a lo Obélix en la marmita del poder y del dinero nada más nacer, fue hechizada con la varita mágica de la nobleza genética. Cristina declaraba como imputada por delito fiscal en un juicio y decía así:

Juez: ¿Tiene usted conocimientos jurídicos?
Cristina: No.
Juez: ¿Tiene usted conocimientos tributarios?
Cristina: No.
Juez: ¿Sabe usted lo que es el programa PADRE?
Cristina: Me suena, pero no.
Juez: ¿Tiene usted conocimientos económicos?
Cristina: No, muy básicos, pero no.

Conversación entre el juez y Cristina durante la instrucción de un caso de corrupción

Cristina, si te sobra dinero para estar veinte vidas sin trabajar, ¿por qué no dedicas tu tiempo a pasarlo con tu familia, a jugar con tus hijos, a reír con tus amigos y a ser feliz en lugar de perderlo en robarnos algo que ni siquiera necesitas? Solo se me ocurre una respuesta: padeces una enfermedad. Y lo digo con pena, de verdad, porque aunque tu adicción al dinero perjudica a toda la sociedad, tú y tu entorno sois sin duda los primeros afectados.

Insisto, estas palabras no representan ningún reproche. La familia de una persona adicta al alcohol acaba por comprender que el adicto es una víctima y le apoya para salir de la adicción. Nosotros también lo hemos hecho contigo y con todas las personas como tú hasta hoy. Hemos soportado que esquilméis la riqueza que generamos con nuestro trabajo. Hemos soportado que cuando comenzó a agotarse la reserva nos responsabilizaseis a nosotros por ello: resulta a todas luces inmoral que los que trabajamos deseemos tener acceso a una vivienda. Hemos soportado que nos digáis que tenemos que cobrar menos y trabajar más horas, mientras un tercio de la población está en el paro, mientras los bancos no dejan de dar beneficios, mientras las eléctricas no dejan de subir los precios con la connivencia de aquellos a quienes más tarde tendrán a sueldo.

Imagino que mientras trapicheas para robarnos persigues, como yo y como todos los habitantes de la Tierra, la felicidad. Pero ¿sabes qué, Cristina?: hay formas mucho más efectivas de encontrarla. Hoy te dejo diez momentos que aportan más felicidad que esos billetes por los que hace tiempo perdiste la sonrisa:

  1. El olor de la hierba recién cortada de una mañana de verano
  2. Enterarte de que hablan bien de tus padres a tus espaldas
  3. Que se te salten las lágrimas de risa
  4. Que se te salten las lágrimas de emoción
  5. Una caricia y una mirada que dicen más que mil palabras
  6. La admiración de tu hija en la que lees que para ella eres un ejemplo a seguir
  7. Un día y una noche de playa sin móvil, sin llaves, sin dinero, sin DNI, sin mañana
  8. Quitarte toda la arena con una buena ducha después
  9. La alegría de tu perro cuando te oye volver a casa
  10. Amar, Cristina, amar sin letra pequeña a las personas que te rodean y a las que no

Hay muchísimas más formas y solo tenemos de media 83 años para descubrirlas. Luego ya no estaremos más aquí, Cristina, aquí no se salva ni dios.

Nosotros ya fuimos todo lo sumisos que nos obligasteis a ser. Hemos soportado durante años que tú y los tuyos nos intentéis llevar de viaje al medievo pero no, Cristina, no lo vais a conseguir. Y estáis asustados porque no esperabais que os fuésemos a plantar cara.

Así que aquí me tienes trabajando para que la sociedad se dé cuenta de que nuestro problema (económico) y vuestro problema (vuestra adicción) sois vosotros. Si trabajamos juntos tal vez lo solucionemos antes. ¿Te unes a la causa, Cristina?

vámonos parriba